Quizá solo reconocemos la felicidad cuando nos falta.
Ensayo·ES·Ideas
Quizá solo reconocemos la felicidad cuando nos falta.
A veces solo reconocemos el valor de ciertas cosas cuando ya no están. Pero ¿de verdad tenemos que pasar por malos momentos para entender la felicidad? Quizá deberíamos hablar menos de lo que nos enseñó el sufrimiento
Benjamin Trinidad Segura
5 min de lectura
Crear tarjeta para compartir
9:16 Historia4:5 Feed1:1 Cuadrado
Modo captura
¿Cuándo fue la última vez que fuiste realmente feliz?
No satisfecho. No aliviado. No simplemente de buen humor.
Sino feliz.
¿Y cómo te diste cuenta?
¿Fue un momento especial? ¿Un gran logro? ¿Una meta por la que llevabas mucho tiempo trabajando?
¿O fue algo completamente cotidiano?
Una cena compartida. Una conversación. Una tarde tranquila. La sensación de no tener que preocuparse.
Quizá lo curioso de la felicidad es que a menudo solo la reconocemos cuando ya no está.
Sección / 09
Lo que tenemos acaba pareciéndonos normal.
Los seres humanos tenemos una capacidad asombrosa: nos acostumbramos a nuestras circunstancias.
Tanto a lo bueno como a lo malo.
Lo que ayer nos hizo felices quizá mañana ya forme parte de la normalidad.
El primer piso propio. El primer sueldo de verdad. Una relación. Un éxito profesional.
En algún momento cambia nuestro punto de referencia.
Lo que antes era un deseo se convierte en una expectativa.
Y mientras nos centramos en lo que todavía nos falta, a veces perdemos de vista lo que ya tenemos.
No necesariamente porque seamos desagradecidos.
Sino porque somos humanos.
Sección / 19
¿Tenemos que perder algo para reconocer su valor?
Existe la idea de que necesitamos pasar por malos momentos para comprender qué significa realmente la felicidad.
Entiendo lo que quiere decir.
Quien ha perdido la seguridad económica quizá vea de otra manera tener ingresos regulares.
Quien ha vivido la soledad quizá valore especialmente que alguien se quede.
Quien ha perdido a un ser querido conoce el valor del tiempo compartido de una manera difícil de describir.
Pero creo que debemos tener cuidado con esta idea.
Nadie tiene que pasar hambre para poder apreciar la comida.
Nadie tiene que perder a una persona para poder quererla.
Y nadie tiene que ser infeliz para saber qué significa la felicidad.
Quizá las experiencias difíciles pueden cambiar nuestra percepción.
Pero eso no significa que las necesitáramos.
Sección / 32
No todo lo que nos cambia fue bueno por eso.
Nos gusta decir que los tiempos difíciles nos hacen más fuertes.
Quizá a veces sea cierto.
Pero no siempre.
Algunas experiencias nos vuelven más cautelosos. Más desconfiados. Más temerosos.
Algunas dejan heridas que no desaparecen simplemente porque hayamos aprendido algo de ellas.
Y algunas personas tienen que dedicar gran parte de sus fuerzas a afrontar cosas que otras nunca han tenido que vivir.
Sería injusto querer convertir eso, por principio, en una historia de éxito.
No todo sufrimiento tiene un sentido superior.
No toda pérdida conduce al crecimiento personal.
Y no toda etapa difícil nos convierte en mejores personas.
A veces, algo fue simplemente terrible.
Y, aun así, tuvimos que seguir adelante de alguna manera.
Quizá la verdadera fortaleza no consiste en que hayamos sufrido.
Sino en lo que hacemos con nuestra vida después.
Sección / 47
Quizá confundimos la felicidad con la ausencia de infelicidad.
A menudo buscamos la felicidad en cosas extraordinarias.
En grandes objetivos. Logros. Experiencias. Cambios.
Y quizá pasamos por alto las condiciones que hacen posibles esos momentos.
Seguridad.
Salud.
Personas en quienes confiamos.
La libertad de poder tomar nuestras propias decisiones.
Un hogar donde nos sentimos a gusto.
A quien tiene todo eso quizá le parezca poco extraordinario.
Para quien lleva mucho tiempo sin tener alguna de esas cosas, ahí puede residir una inmensa felicidad.
Pero tampoco deberíamos idealizarlo.
Un hogar seguro, comida suficiente o el afecto humano no son recompensas especiales de la vida.
Son necesidades básicas.
Debería alegrarnos que alguien vuelva a encontrar seguridad después de un período difícil.
Pero no deberíamos olvidar que, en realidad, esa seguridad debería darse por sentada.
Sección / 63
La felicidad no es una competición.
Quizá también deberíamos dejar de comparar la felicidad entre nosotros.
Una persona se alegra por un ascenso.
Otra, por poder pagar finalmente sus facturas.
Alguien se alegra por un coche nuevo.
Otra persona, por poder levantarse de nuevo sin dolor.
¿Quién de ellos es más feliz?
¿Y por qué tendríamos que decidirlo?
Nuestras experiencias influyen en el significado que damos a determinadas cosas.
Lo que para una persona es normal, para otra puede ser el sueño de toda una vida.
Pero eso no crea una clasificación.
No tienes por qué ser menos feliz solo porque otra persona tenga menos.
Y no tienes por qué restar importancia a tus problemas solo porque otras personas tengan problemas mayores.
La gratitud no significa que ya no podamos tener deseos o preocupaciones.
Ambas cosas pueden coexistir.
Sección / 78
Quizá tengamos que ser más conscientes de la felicidad.
No podemos evitar que nuestra vida cambie.
Las personas vienen y se van.
Los planes fracasan.
Las certezas desaparecen.
Y a veces nos enfrentamos a situaciones que escapan a nuestro control.
Pero quizá sí podamos influir en la atención con la que vivimos nuestra vida.
Quizá no tengamos que esperar a que algo nos falte para reconocer su valor.
Quizá podamos preguntarnos ya hoy:
¿Qué echaría muchísimo de menos en mi vida si mañana ya no estuviera?
¿Y qué de todo eso estoy tratando ahora como si fuera algo normal?
No para vivir con miedo constante a la pérdida.
Sino para prestar más atención a lo que tenemos.
Sección / 91
Y quizá la felicidad también pueda ser simplemente felicidad.
No toda experiencia bonita tiene que enseñarnos algo.
No hay que merecer cada momento feliz.
No todo tiene que tener un significado más profundo.
A veces podemos simplemente alegrarnos.
Por una persona.
Por una conversación.
Por un día que salió bien.
O porque, por una vez, no haya pasado nada malo.
No tenemos que atravesar una época oscura para que un momento luminoso adquiera valor.
Quizá el arte consista en reconocer la luz mientras todavía está ahí.
¿Y si ahora mismo no vemos ninguna?
Eso no significa que nunca más pueda volver a salir el sol.
Quizá hoy no.
Quizá tampoco mañana.
Pero algún día.
Y a veces este cambio no empieza porque nuestra vida se vuelva de repente perfecta.
Sino porque volvemos a descubrir algo que nos hace ilusión.
Conversación
Continuar la idea.
El desacuerdo es bienvenido. La falta de respeto, no.
Aún no hay comentarios.
Inicia la conversación con una respuesta reflexiva.